ADAL EL HIPPIE VIEJO
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HISTÓRICO -Octubre 2011-: con Cristina vamos por el tercer gobierno peronista consecutivo.

12 nov. 2011

SENSUAL, ERÓTICA-HAY VIDEO-PAMELA DAVID ÍNTIMA. SU RELACIÓN CON DANIEL VILA, EL DUEÑO DE AMÉRICA TV

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Cómo la conductora de América TV pasó de bailar desnuda a quedarse con el botín del zar mendocino Daniel Vila.
Declaraciones ("Todos los días hacemos el amor")
... y escándalos.

Sensual y erótica.


Siempre supo que los “números” fueron su debilidad. Su primer negocio lo hizo por intuición e invirtiendo cinco mil dólares en una operación de lolas. Con ellas saltó a la fama y conquistó al poderoso dueño de medios, petróleos y fútbol Daniel Vila. Con paciencia y perseverancia logró quedarse con el verdadero dueño de los botines.

Pamela David siempre fue una chica de objetivos concretos. A los 18 años decidió viajar de su Santiago del Estero natal a la UBA en Buenos Aires para estudiar administración de empresas, convencida de que lo suyo eran los números. Sólo tardó unos meses en darse cuenta de que las operaciones más rentables de su vida no serían las de los archivos contables, sino las de sus lolas.
A los 19 años, la cirujana plástica Silvina del Rosso le sumó diez centímetros (de los discretos 85 que tenía desde los catorce años saltó a los rotundos 95) y le dio el pasaporte al verdadero mundo de los “números” de las grandes ligas: los del rating de la tele y las cuentas bancarias premium.

Con ese par de flamantes buenas razones y los ojos más verdes del show business, Pamela tomó el atajo que la llevaría a la conquista de “su” América. La oportunidad le vino del cielo, es cierto. Con sus contundentes “certificados” fue elegida como una de las protagonistas de El Bar, el tercer reality que transmitió la tele argentina y el primero en desatar la fiebre de escándalos pseudosexuales. ¿Dónde? En América TV, el canal de Daniel Vila, el hombre que tanto había impresionado al mismísimo Carlos Menem cuando supo que no sólo se había animado a pedir un préstamo de 600 millones de dólares al holding anglo-holandés ING Baring –para comprar cables por toda la Argentina–, sino que después los había “mejicaneado”.

Así, casi sin proponérselo, en aquel lejano 2001, Pamela estrenó lolas y fama, al tiempo que aceitaba la mira de su teleobjetivo. Bailó desnuda al mejor estilo Cinthia Fernández sólo que una década antes, filmó videos eróticos, y cinceló sus primeros bocetos de “morocha argentina”. Tenía 23 años y no pensaba malgastarlos en romances arreglados para las revistas del corazón o como una simple “botinera”. Ella siempre supo que su pasión era termodirigida a una cuenta de las grandes.

A Pamela, la fama también le trajo algunos problemas. Tamir Lotan (un ex compañero en El Bar) protestó porque la modelo le había birlado marihuana durante la convivencia en el programa de TV. Ella no opinó al respecto. Tampoco dijo demasiado cuando los medios denunciaron que su hermano formó parte de una banda de hackers que realizó ataques contra páginas españolas, argentinas y norteamericanas que casi terminan con la intervención del FBI.

Lo llamaban “el pirata Morgan” y fue acusado de atacar con “zombies virtuales” a empresas como Meneame, Genbeta y ElServer.com. Pero Pamela nunca se desvió de su objetivo final. Ella misma reconoció que es poco amiga de los “códigos”: “Cuando hacía karate nadie se animaba a pelear conmigo, porque no tenía códigos ni respetaba las reglas. Iba al frente, pese a que eran todos hombres. Para mí todo era válido y al rival de turno lo agarraba de los pelos y le pegaba golpes bajos. Y si se presentaba con una lesión, ese era mi blanco preferido”, contó en una entrevista.

Y como suele suceder en estas historias de la joven, bella, soltera, ambiciosa, “sin códigos” y el señor mayor, casado, millonario y poderoso, la “casualidad” hizo todo para que los planetas alinearan amor y ambición. Un domingo mendocino de Vendimia solidaria de hace casi cinco años, Pamela terminó por “rendirse”. Sus ojos verdes recorrieron con asombro la magnifica villa (con lago y viñedo propios) de San Isidro de Daniel Vila, enclavada a 700 metros sobre el nivel del mar en medio de la precordillera desde donde literalmente domina toda la ciudad de Mendoza. También pudo conocer “en vivo” a la entonces segunda esposa del dueño de América TV y a alguno de sus cinco hijos. El impacto fue grande.

Tanto que desestabilizó la inestable relación de amistad con derechos que los unía pero sin un compromiso muy alto de parte de ninguno de los dos. Ella mantenía un buen nivel de vida con sus trabajos de modelo, era la mamá de Felipe desde febrero de 2007 y decidió –¿por despecho o cálculo?– que ese mismo año (2008) se casaría con el joven, carilindo, exitoso jugador de básquet y por si fuera poco con un apellido con linaje en Córdoba, Bruno Labaqué.

Pamela jugó fuerte. A suerte y verdad. A Daniel Vila no le quedaron alternativas. Sólo la podría reconquistar si rompía su vínculo familiar. Una decisión traumática y compleja para él (la separación de bienes no resultó sencilla) y “condición” ineludible para ella.

Y el tiempo la premió por tanta tenacidad y constancia. En 2010, frente a las cámaras de América TV, la casa de “su” hombre, por el que ella invirtió muchos años de su juventud, Pamela David confesó que se había separado del basquetbolista y padre de su único hijo, Felipe Labaqué: “Bruno (el papá) es y será el amor de mi vida, pero estoy segura de esta decisión”, dijo –llorando a mares– en el programa Animales sueltos que co-conducía junto a Alejandro Fantino. Fue el primer paso. Así blanqueó su libertad. Y la “redondeó” cuando se hizo la segunda operación de lolas, casi un fetiche para asegurar la conquista.

Sin embargo en el círculo íntimo del basquetbolista se habría comentado que la verdadera razón de la ruptura habrían sido las sospechas que Bruno Labaqué tenía sobre las actividades profesionales de Pamela que según los rumores incluían la profesión más antigua del mundo. Esto habría enfurecido al deportista, quien no estaba dispuesto a compartir a su mujer con desconocidos.

Unos meses después, y por el mismo canal, agradeció la enorme felicidad que le daba ser conductora del magazine de la mañana, en horario central, donde ella es literalmente “la dueña de casa”. Pamela en persona se había ocupado de elegir a cada uno de los integrantes de “desayuno americano”. El círculo se había cerrado. Pamela había alcanzado su cenit personal.

Sólo entonces se animó a confesar públicamente su triunfo. El amor es así. “Es un hombre que está enamorado, rendido a mis pies”, definió ella a Daniel Vila, el empresario que se autodesignó presidente de la AFA, haciendo uno de los papelones periodísticos más grandes del año, transmitido en cadena por todos los cables.

“Siempre me gustaron los bagayos –definió alguna vez Pamela su vínculo con el amor– era bien bagartera.” Será por eso que a Vila le costó mucho cada uno de los encuentros con ella y cada uno de los encuentros le costó cada vez más, pero el relacionista público Leandro Rud se ocupaba gentilmente de negociar ese costo a la baja y llevarlo a buen puerto.

Ahora Pamela habla menos. Sabe que la clave de su éxito está en callar más y mostrar menos.



Adal


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