ADAL EL HIPPIE VIEJO
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HISTÓRICO -Octubre 2011-: con Cristina vamos por el tercer gobierno peronista consecutivo.

3 feb. 2014

Del economista Pablo Tigani

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Al que acapara el grano.




“Al que acapara el grano, el pueblo lo maldecirá;
pero bendición será sobre la cabeza del que lo vende”
Libro de Proverbios 11:26; La Santa Biblia

En la versión de Muppets del clásico de Charles Dickens, “Cántico de Navidad” Ebenezer Scrooge, representa a un impiadoso empresario, oprimido por la avaricia. El espíritu de las navidades pasadas lo condujo hasta una escena crucial en su vida cuando él tuvo chances de escoger entre su enamorada y el dinero. Antes de este acontecimiento era posible notar en él una ambición excesiva, pero también algunos indicios de decencia. Fue entonces que este hombre escogió el dinero. Después de esta escena, se puede ver a un hombre con un estilo de vida confuso y siniestro, obcecado por la avaricia.

En su conferencia de prensa del día viernes, Jorge Capitanich, regañó duramente a los “grandes productores” agropecuarios de no liquidar divisas “por avaricia y especulación”, y dijo que son capaces de “amarrocar” la cosecha y no venderla. En medio de la necesidad de divisas que tiene el país, el jefe de gabinete afirmó que los grandes productores tienen “mayor capacidad de almacenar y ahorrar”, al retener en silobolsas la cosecha, a diferencia de los pequeños y medianos, que liquidan divisas “para poder pagar los insumos”.

Recuerdo el jueves 9 de octubre de 2008, cuando el índice Dow Jones caía 7,3% en un solo día; se reducía alrededor de 35% la riqueza o los ahorros de toda una vida de los tenedores de acciones, en tan solo un año. Wall Street, la insensatez y la avaricia se cobraban victimas. Tenedores de pequeñas participaciones accionarias y ahorros para su vejez, murieron o se suicidaron, como aquí durante “el corralito”.

La codicia de los CEO´s-gerente general-de los Bancos de Inversión es una insignificante muestra de un pensamiento desalmado que condujo gente a un cautiverio: “la avaricia” como medio. El Presidente de Lehman Brothers, Richard Fuld, en su interpelación, ante la pregunta enfurecida de una diputada respondió: “No es así, no tuve sueldos y comisiones por 500 millones de dólares en los últimos años, sino 350 millones de dólares”. Tapa de las revistas de negocios, entre los hombres “mas admirados del mundo. Miedo, vergüenza, algo trasmitía su aspecto; luego a la salida del recinto, un grupo de ciudadanos lo insultó de una manera futbolera, no puedo transmitir lo que yo mismo sentía.

Un tiempo atrás, era muy difícil hablar de estos temas sin ser objeto de burla o desprecio profesional, por aquellos que creían y defendían esa cultura nefasta. Los que reverencian esta ordenación aceptan todas sus indicaciones y actúan en consecuencia. En general, es gente que sobrevalora el dinero, el poder y el placer; por sobre todas las cosas. En la película “Wall Street I”, Gekko Gordon (su protagonista) decía: “la avaricia es buena, es el motor del capitalismo”; pero en la vida real, dinero, fama y bienes; no permanecen para siempre.

La sociedad mundial más rica es injusta, con mejor tecnología y mayor acceso al crédito pierden artefactos y casas; el pueblo de la nación que se encaminó al confort y al placer como nunca en los últimos 35 años, hoy está sufriendo.

Dinero y poder, en esto se basa la política, los negocios, y la cultura del sistema mundial; son las motivaciones más profundas que han captado aún a ciudadanos corrientes. Muchos hombres de negocios brillantes están motivados para sacar ventaja de cualquier sub sistema-dentro del sistema- que le permita enriquecerse un poco más. El dinero en grandes proporciones ejerce un encantamiento que motoriza el deseo de darse “la gran vida”.

En mi actividad, hablo a menudo con empresarios-gente que tiene mucho dinero, pero sufre por dinero. Empresarios que se convirtieron en víctimas y promotores de una cultura egoísta e insensible. Esclavos, que hasta sus familias y amigos perdieron por entregarse a la avaricia.

Nadie dejo de ser afectado, en diferentes medidas, desde mediado de los setenta, década disparadora de la mayor crisis de valores contemporánea, cuando Friedman pontificaba y recibía el “Premio Nobel”.

En los noventa el éxito es el dinero, la figuración social, el ranking de los mejores alumnos de las mejores universidades, son los beneficios de la libertad de los mercados sin regulaciones y sin controles. Pasaron “los felices noventa”, y aun padecemos los resultados; pero muchos no han aprendido nada, la avaricia prevalece por sobre la racionalidad.

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